Es
verdad que no se necesita tener un título de Periodista o de
Comunicador Social para ser periodista profesional y asumir las tareas
que exige la profesión. Muchos grandes profesionales de los medios
masivos de comunicación efectivamente han logrado fama y éxito
sin haber pisado nunca las aulas universitarias.
Incluso
hay profesionales de éstos que insisten en que los “periodistas
nacen… no se hacen” poniéndose ellos mismos como
ejemplo de que es posible obviar la formación universitaria y
llegar a ser, afirman, “un gran periodista como yo”.
Esto
es un error. Hace poco recogimos de una discusión sobre la prevalencia
de la Práctica sobre la Teoría, la siguiente afirmación:
“Una praxis profesional no es una mera técnica sino que
supone una previa teorización sobre ese quehacer. Porque una
práctica que no conoce sus fundamentos, que no reflexiona sobre
sí misma, es una “práctica ciega”. Por lo
tanto, la tensión teoría práctica es una falsa
dicotomía”.
Es,
como se ve, fácil desmentir que es posible ejercer una profesión
de manera “autodidacta” porque el periodismo, profesión
y técnica a la vez, exige cada vez más pre-conocimientos
anteriores que sólo se adquieren, como se dice en el texto anterior,
con reflexión que con frecuencia debe ser apoyada con textos
y conocimientos sobre las nuevas tecnologías de la información
y la comunicación.
Todos
aquellos que han dejado testimonio de su iniciación en el periodismo,
cuentan que en las redacciones debieron recoger la experiencia de antiguos
redactores que de buena o mala gana transmitían conocimiento
a los nuevos, a los recién llegados. Ellos, a su vez, habían
cosechado la sabiduría del oficio de la generación anterior,
y así sucesivamente.
Alguna
vez escuchamos recurrir a la analogía con el caso Pavarotti,
el célebre cantante italiano de ópera pues se dijo que
carecía de título de cantante, como lo fueron muchos.
¿Cómo hicieron ellos para ubicarse en la primera fila
de su profesión? Simple: se colocaron frente al micrófono
o ante el público y en poco tiempo se consagraron como los grandes
de su tiempo. Es igual en el periodismo, donde probablemente valdrá
más la prueba práctica que el solemne cartón universitario.
Esta
analogía pareciera conducir a la conclusión de que podríamos
entonces suspender los estudios de periodismo para dejar que sean los
medios masivos los encargados de lanzar profesionales de la información,
abandonando la formación a los requerimientos de la industria
cultural que a su vez es movilizada por demandas de mercado que no son
necesariamente afines a los intereses mayoritarios.
-
Una mirada a la historia
El
periodismo latinoamericano, que tuvo sus raíces en el viejo y
lento sistema informativo colonial, reclutaba sus animadores de la política
y la literatura porque éstas eran las funciones principales que
se adjudicaba a la prensa. Luego de las batallas independentistas, un
activo y hasta violento periodismo participó en las construcciones
nacionales, identificando, definiendo características que lo
alejaron para siempre de la homogeneidad colonial.
Cada
nueva nación edificó, por así decirlo, su propio
periodismo y de acuerdo con unas condiciones irrepetibles aun en los
vecinos más cercanos. Tenían en común la herencia
hispana del idioma y la influencia de sus escritores y periodistas.
Y al terminar el siglo XIX e iniciar el XX, todavía los periodismos
americanos conservaban rasgos europeos adquiridos en particular en Francia,
de los tiempos en que el idioma francés era la “lingua
franca” del mundo diplomático y culto del mundo.
La
influencia académica de los Estados Unidos en el tema del periodismo
era escasa, si no nula, en nuestros países. Probablemente algunos
cultos profesionales peruanos leyeran inglés, lo que era raro
para los elegantes cronistas que pasaban de las redacciones de “El
Comercio” o “La Prensa” al famoso “Palais Concert”
del Jirón de la Unión. Sólo algunos estudiantes
de avanzada reclamaron una mejor relación con la prensa y hasta
se habló de cursos especiales.
Y
tampoco se estudiaba para periodista, con la excepción de la
Argentina, donde a principios de siglo dos importantes diarios abrieron
talleres y luego fundaron una escuela formal en 1931.
La
Segunda Guerra Mundial significó una marca profunda en la historia
de la relación con los Estados Unidos tanto a nivel político
como económico y, sin duda, cultural. En nuestra zona de interés,
observamos que la mayor parte de las viejas escuelas de periodismo fueron
fundadas luego de la gran confrontación y que adoptaron las nuevas
formas del norte. “Las escuelas de periodismo siguieron el modelo
educativo norteamericano, siendo a su vez el origen común de
la mayoría de escuelas” informaron Sánchez y Restrepo
al examinar la formación de periodistas en la región.
Con
este impulso renovado, con la mirada puesta en las nuevas propuestas,
en el Perú fue fundada en 1945 la Escuela de Periodismo de la
Pontificia Universidad Católica; y en 1947 la Escuela de Periodismo
de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Pero tuvieron diferencias
claras pues mientras que la primera se siguieron líneas de influencia
norteamericana, en la segunda se conservó el modelo europeo del
profesional culto que se prepara para hacer, también, periodismo.
En
los Estados Unidos fue el general Robert Lee, vencido en la Guerra de
Secesión, quien inauguró en el Washington Collage, en
1869, los estudios para los jóvenes que decidieran hacer del
periodismo su profesión. Años después, cuando Joseph
Pulitzer decidió apoyar a la Universidad de Columbia para fundar
la famosa Escuela de Periodismo, en 1912, ya una decena de universidades
de los Estados Unidos ofrecían la carrera.
Fue
Pulitzer quien reclamó nociones novedosas a los futuros periodistas,
al insistir en que: “Será objeto de la universidad (de
Periodismo) formar mejores periodistas, que harán mejores periódicos
que harán un mejor servicio al público. Se impartirá
conocimiento para ser usado como servicio público. Tratará
de desarrollar características propias pero será solamente
como un medio hacia el fin supremo: el beneficio público”.
En
la década de los años 70 se produjo el cambio hacia la
integración de los “saberes” de la comunicación
iniciándose una revisión activa promovida por el Centro
Internacional de Estudios Superiores de Periodismo para América
Latina CIESPAL, fundada por iniciativa de la UNESCO. En realidad sus
propuestas se hicieron desde su fundación en 1959, en Quito,
extendiendo muy rápido su influencia a través de sus seminarios
de 10 semanas al que la OEA becaba a profesionales distinguidos, tanto
docentes como periodistas en ejercicio. Muchos periodistas peruanos
asistieron a esos seminarios y contribuyeron a divulgar
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puntos
de vista novedosos y, en particular, bibliografía.
De CIESPAL entonces surgiría la propuesta de cambiar el status
académico de las “escuelas” e integrarlas a las universidades,
ampliando el aprendizaje hacia especialidades comunicacionales. Nacieron
así las “Facultades de Comunicación” siguiendo
las recomendaciones siguientes:
1.- Una escuela debe tener nivel universitario; 2.- El programa académico
debe constar de no menos de cuatro años; 3.- El programa de estudios
debe incluir cursos humanísticos y técnico profesionales;
4.- Las escuelas deben convertirse en Facultades autónomas dentro
de la universidad; 5.- Las escuelas deben convertirse en “Ciencias
de la Información”.
En
1972 la Universidad Católica decidió cerrar la Escuela
de Periodismo, inclinándose hacia la aplicación de las
herramientas audiovisuales para la educación y la Escuela de
San Marcos pasó a llamarse “De Comunicación Social”
acorde con las recomendaciones ciespalinas. Como novedad y aporte fue
fundada por la Universidad de Lima, en 1972, la Facultad de Ciencias
de la Comunicación, iniciando una nueva etapa en la historia
de los estudios de periodismo en el Perú, ya integrados, repetimos,
a la Comunicación.
El
periodismo se unió así a la publicidad, la comunicación
audiovisual, organizacional, para el desarrollo, las relaciones públicas,
naciendo el “comunicólogo”, profesional culto capaz
de encarar los desafíos de una mejor comunicación en base
a estudios comunes iniciales (“propedéuticos”), de
comunicación y finalmente de la especialidad elegida.
Al
iniciarse la década de los años 90, una veintena de Universidades
peruanas ofrecían estudios de comunicación social a casi
diez mil estudiantes, de los cuales la mayoría se inclinaba por
el periodismo, convertida ya en la especialidad favorita. Destacaría
la presencia de la novísima Facultad de Ciencias y Artes de la
Comunicación de la Pontificia Universidad Católica del
Perú que en pocos años alcanzó un crecimiento notable.
La
preparación de los futuros periodistas, tema arduamente discutido
en cada reunión de CIESPAL, encontró relevancia también
en los Estados Unidos, habida cuenta de la comprobación de la
necesidad de renovar de manera constante los planes de estudio para
adecuarlos a las novedades tecnológicas y, sobre todo, al entorno
tan cambiante.
La
conocida “Association for Education in Journalism and Mass Communication”
(AEJMC) convocó entre 1983 y 1984 a una reunión en la
Universidad de Oregon y se integró lo que llamaron “Task
Forceo on the Future of Journalism Education”, una comisión
encargada de analizar los programas de periodismo y comunicación
norteamericanos, identificar debilidades y proponer, finalmente, un
curriculum modelo.
Como
era lógico, la primera tarea de la Comisión fue tratar
de identificar la preparación académica y profesional
que debería caracterizar a los pretendientes a ser periodistas
así como también los rasgos de la educción para
los futuros profesionales de la comunicación.
El
resultado fue la recomendación de que los nuevos planes de estudio
debían proveer a los estudiantes de una sólida oportunidad
no sólo de porqué y cómo comunicar sino de qué
comunicar y que debería existir un balance adecuado entre los
cursos de periodismo y comunicación de masas con los de disciplinas,
en especial de artes liberales y ciencias.
Y
se agregó que no más de un 25% del trabajo estudiantil
debería estar dedicado a los cursos de periodismo y comunicación
de masas. El estándar entonces debía ser, dijeron, de
una proporción 75/25.
Hace
algunos años, las empresas de comunicación, y en particular
los medios informativos de prensa agrupados en la Sociedad Interamericana
de Prensa (SIP), se interesaron en la formación de los periodistas
que eventualmente serán reclutados para sumarse a sus redacciones,
e impulsaron investigaciones y planes de entrenamiento. Otra institución
norteamericana importante, el Freedom Forum, instaló una oficina
en Buenos Aires y desde allí impulsó los estudios de periodismo,
promoviendo, por ejemplo, que instituciones educativas latinoamericanas
pidieran certificación de acreditación (de calidad de
enseñanza) a la institución americana que reúne
a los educadores de la especialidad. (En América Latina solo
la Universidad Católica de Chile ha sido “Acreditada”
por los norteamericanos, que exigen una serie de requisitos para otorgar
el certificado).
En
Lima fue el Instituto Prensa y Sociedad (IPYS) el encargado de representar
los esfuerzos del Freedom Forum llegándose inclusive a plantear
una Maestría de alto nivel para periodistas de la subregión.
Pero los planes del Freedom Forum sufrieron una interrupción
drástica a raíz del atentado del 11 de Setiembre en las
Torres de Nueva York pues varias de las empresas que lo patrocinan sufrieron
pérdidas que obligaron a recortar sus presupuestos educativos
o culturales. Entonces debió suspender actividades y entre ellas
el patrocinio al proceso de certificación de los estudios de
periodismo de la Universidad Católica del Perú, entre
otras.
La
SIP decidió entonces continuar por su cuenta con los procesos
de acreditación pero al no contar ya el programa con el aval
académico del Freedom Forum, la Universidad Católica del
Perú consideró conveniente posponer el trámite.
-
Los estudios de comunicación
Cada
vez, repetimos, que los pedagogos abordan el tema, la pregunta central
es: ¿Qué estamos formando en la Universidad? ¿Cuál
es la forma o utilidad de este “producto humano” que lanzamos
a la calle? Y ya respecto del periodismo mismo, las siguientes interrogantes
son ineludibles:
-
¿Se debe o se puede enseñar Periodismo?
- ¿Qué representa para la sociedad este tipo de profesionales?
- ¿Cómo se está asumiendo los cambios en todo orden,
en la profesión que enseñamos?
-
Las escuelas de comunicación ¿están más
preocupadas por el mercado laboral que por el desarrollo de nuevas prácticas
profesionales?
- ¿La orientación instrumental es determinante en la formación
y fin último de la universidad?
- ¿Porqué las escuelas de comunicación están
siempre revisando los planes de estudio o rediseñando la currícula?
- ¿Cuál es el espacio social de las escuelas de comunicación?
- ¿Cuáles son los espacios laborales de los comunicadores
peruanos?
Cada
una de estas preguntas ha merecido amplias reflexiones en sucesivas
reuniones y forman, sin duda, parte central de las preocupaciones de
cualquier institución interesada en la formación de profesionales
de la información.
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Pero
hay una, que tiene que ver con la vieja escuela norteamericana de periodismo,
que avanza hacia un esquema diferente, y que podría plantearse
así: ¿No sería mejor volver a los estudios de “Periodismo”
a secas, desligándolos de los
estudios de las nuevas facultades de comunicación? Por supuesto,
modernizando los planes de estudio.
Este planteamiento responde a una crítica frecuente que dice
que los nuevos periodistas de la academia saben mucho de comunicación
pero nada de periodismo y que el enfoque debía ser al revés.
En suma, lo que plantean los empresarios de los medios de comunicación
es que se prepare a sus futuros periodistas de acuerdo a sus requerimientos
y necesidades, exigiendo una especie de “mediacentrismo”
imposible de satisfacer, simplemente porque los medios son el espacio
laboral más estrecho y difícil para un profesional de
la prensa. Oficinas de imagen, de relaciones públicas, etc. convocan
largamente a más periodistas que los medios masivos.
Esta
crítica a la pretensión empresarial no significa desatenderla.
Y esto no sólo es preocupación de los peruanos.
Bernardo
Díaz Nosty, conocido especialista español de la enseñanza
del periodismo y la comunicación en general hizo reflexiones
importantes sobre el tema a propósito de un proyecto de cambio
de planes de estudio en la Universidad de Málaga.
Recogemos
esta afirmación inicial, válida para cualquier intento
de formación de profesionales: “La Universidad, en su necesaria
expresión de utilidad pública, debe atender los requerimientos
de la sociedad y de sus entramados de actividad económica y profesional,
ya que adquiere su verdadero valor de excelencia en la capacidad de
generar retornos que estimulen e innoven esos entramados de actividad”.
Citamos
lo que llamó “Denominadores comunes” que sostienen
empresarios, académicos y expertos respecto de los perfiles específicos
de las facultades de comunicación:
- Alto grado de experimentalidad;
- Permeabilidad a los cambios del entorno, con planificaciones dinámicas,
de modo que se favorezca la vigencia y utilidad de los conocimientos
impartidos;
- Atención a la diversidad de los procesos y técnicas
comunicativos, más allá de las visiones mediáticas
convencionales o de las innovaciones meramente coyunturales;
- Creación
de secuencias formativas capaces de evitar solapamientos o lagunas en
la lógica del aprendizaje y alimenten sus fortalezas en las técnicas
de construcción del discurso, la adquisición de una cultura
tecnológica evolutiva y el conocimiento científico de
las pautas de comportamiento de los actores y de los procesos de comunicación;
- Y que, en beneficio de lo específico, aligeramiento en la masa
curricular de visiones disciplinares externas a la comunicación,
lo que no impide que éstas, desde sus foros académicos,
analicen la comunicación, del mismo modo que analizan otros aspectos
la actividad social.
Un
examen de los planes de estudio de comunicación y periodismo
de varias instituciones latinoamericanas importantes indica que pueden
ser divididos, un poco gruesamente, en dos: los que prefieren el currículo
que proporcionará sólida cultura general y fundamentos
de periodismo, un poco dejando a los propios alumnos que resuelvan por
su cuenta las cuestiones de cultura general pero en cambio incidiendo
agresivamente en el estudio del periodismo, teórico y práctico.
El
llamado “mercado laboral” no sólo no está
compuesto por las empresas mediáticas sino que sólo una
minoría de egresados llega a trabajar en ese campo; el resto
se encamina hacia tareas relativas a la prensa pero de manera indirecta.
Un énfasis excesivo en los estudios hacia la satisfacción
de las exigencias pragmáticas de los medios masivos, sería
un error.
El
abanico de posibilidades de formación que ofrecen las facultades
de comunicación en sus especialidades (audiovisuales, publicidad,
desarrollo, organizacional, etc.) hace posible que un estudiante de
cualquiera de las especialidades tome cursos de otra como complemento
a su formación, aumentando así las oportunidades de ampliar
su cultura comunicacional.
Un
estudiante de Periodismo debe, como todos los demás del país,
afrontar los cursos llamados “propedéuticos” o de
formación básica – Historia, Estadística,
Lengua, Biología – a los que la institución debe
añadir lo que considere necesario para la llamada “base”
para pasar al estadío siguiente, a los estudios de la especialidad
elegida.
comenta
este artículo:
http://aldeamaestra.blogspot.com/2007
/07/para-qu-estudiar-periodismo.html
Mg. Juan Gargurevich
Regal (Mollendo,
1934) Magíster en Comunicación, ha culminado estudios
de Doctorado en Historia. Su tesis versa sobre la vida y obra del polígrafo
Manuel Atanasio Fuentes, "El Murciélago". Es el principal
historiador de los medios de información en el Perú; entre
sus principales libros publicados destacan: Historia
de la prensa peruana (La Voz, 1991)
La Peruvian Broadcasting Co. (La Voz, 1997)
Los periodistas. Historia del gremio en el Perú. (La Voz, 1999)
y,
La prensa sensacionalista en el Perú (PUCP, 2000).
Antiguo
profesor de periodismo y de historia de los Medios en la Universidad
Nacional Mayor de San Marcos y en La Pontificia Universidad Católica
del Perú. También ha sido Director de la Escuela de Comunicación
Social de la UNMSM, alternando así su trabajo de periodista profesional
con la docencia.
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