Tercer
domingo de agosto, día del niño en el Perú.
“El
niño ha sido el ser más incomprendido de todos los tiempos.
Cuando alguien escriba su historia, recién
podremos comprender el origen de los tremendos males sociales que
aquejan a la humanidad.”
José Antonio Encinas
Nos
proponernos a continuación conocer qué imágenes
y visiones del niño nos ofrece la literatura peruana, para
lo cual es básico revisar primero qué personajes infantiles
encontramos en la obra de nuestros escritores.
Y
esto necesariamente debemos hacerlo en la obra de aquellos autores
ya consagrados y que aparecen casi unánimemente seleccionados
en los textos escolares que circulan en el sistema educativo nacional.
Otro criterio es que en los universos en los cuales se desenvuelven
los niños seleccionados desempeñen roles centrales y
sean personajes y actores objetivos y no solo voces que cuentan o
que narran.
El
que vamos a presentar es un segmento conciso pero importante ya que
se trata de personificaciones de niños creados por autores
de la máxima significación en el panorama profuso de
las letras nacionales y con muy reconocida proyección a nivel
internacional.
La mayoría de los autores seleccionados en esta muestra, no
hicieron profesión de fe con respecto a la literatura infantil
o juvenil. Su literatura es más bien general, con lo cual se
asegura que la presentación de los personajes que ellos han
configurado es la mas neutral y realista posible ya que existe la
inclinación en los cultores de literatura destinada el público
infantil, ya que existe la premisa en este campo, de emparentar el
arte literario con la educación, hecho que constituye de alguna
manera un filtro o un tamiz que altera una representación fiel
de la realidad.
El
personaje niño que se impone con nitidez propia en la cultura
de nuestro país y cuya propuesta ha surgido de la literatura
peruana es Paco Yunque. Quizá porque el problema mayor y profundo
que aun nos aprisiona sea una búsqueda angustiosa de nuestra
verdadera identidad.
Es
Paco Yunque el personaje infantil de la literatura peruana que a pasado
a formar parte de nuestra escena cultural con un perfil nítido
y que es producto de la invención literaria de un autor de
extraordinaria significación como es César Vallejo.
Pero
he aquí una galería más amplia de personajes
infantiles de nuestros autores literarios.
La
presentación de los personajes está ordenada por la
antigüedad cronológica del nacimiento de quienes los han
vivificado, así: César Vallejo (1892), José Díez
Canseco (1904), Julián Huanay (1907), Ciro Alegría (1909),
Carlota Carvallo de Núñez (1909), Francisco Izquierdo
Ríos (1910), José María Arguedas (1911), Rosa
Cerna Guardia (1926), Julio Ramón Ribeyro (1929), y Enrique
Congrains (1932).
Personajes
infantiles en la literatura peruana
Paco Yunque
Paco Yunque es el personaje de la obra del mismo nombre, escrita por
César Vallejo el año 1931, a pedido de la Editorial
Cenit de Madrid, España, obra que fue rechazada por ser "demasiado
triste" y, consecuentemente, no fue publicada sino trece años
después de la muerte de su autor, en la revista Apuntes del
hombre, en 1951.
Paco
Yunque es hijo de la sirvienta de la casa de David Grieve, Gerente
de los "Ferrocarriles de la Peruvian Corporation" y, además,
alcalde del pueblo. Se lo ha hecho venir desde el campo para acompañar
al hijo de la familia Grieve, Humberto; y también a fin de
que juegue con él, pues son de la misma edad.
Cuando
llega al centro educativo Paco Yunque se estremece de miedo, pues
nunca ha visto ni oído hablar a tantos niños juntos.
Los hermanos Zúñiga lo conducen al salón adonde
luego ingresa el profesor. En ese momento todos se ponen de pie, con
la mano derecha levantada en señal de saludo, en silencio y
erguidos.
El
profesor sienta a Paco Yunque en la primera fila, junto a un niño
de su mismo tamaño llamado Paco Fariña. De pronto ingresa
Humberto Grieve quien, como de costumbre llega tarde, y el profesor
suavemente le observa este hecho. Casi al instante se produce una
discusión pues Grieve quiere que Paco Yunque, se siente con
él, aduciendo que es su sirviente, para lo cual lo coge y presiona
en el brazo. Paco Fariña pugna con él atrayendo a Paco
Yunque hacia sí argumentando que el profesor ya lo ha sentado
allí.
De
pronto aparece Antonio Geldres, alumno que ese día ocasionalmente
llega tarde, justificando su tardanza debida a que su madre está
enferma, no siendo ello disculpa para ser severamente castigado por
el profesor. Entonces todos los niños reclaman, encabezados
por Paco Fariña, insistiendo en que también el hijo
del Alcalde ha llegado tarde y sin embargo no ha sido castigado, sin
duda, dicen, porque su padre es influyente y porque "tiene plata".
Paco
Yunque está temeroso porque sabe que Grieve le pegará
por no haberle obedecido yendo a sentarse con él, pues a cada
momento le muestra el puño en forma amenazante.
El
profesor deja unos ejercicios que los alumnos, a excepción
de Grieve, se han aprendido a realizar. Después del recreo,
al ser solicitados los trabajos, Grieve arrebata el de Paco Yunque
y lo entrega como si fuera el suyo. Paco Yunque es sancionado por
no haber realizado la tarea.
Cuando
entra el Director y pregunta si el profesor ya tiene un concepto de
quién es el mejor alumno del aula, éste contesta que
el elegido es Humberto Grieve, quien ha realizado una tarea brillante.
El Director lo felicita y le pone como ejemplo digno de imitar ante
sus demás compañeros. Paco Yunque con la cabeza gacha
llora desconsolado.
Chupitos
Es el personaje del cuento "El trompo", que conforma el
libro Estampas mulatas de José Diez Canseco, fechado en 1940.
El cuento se ubica en Lima, en el distrito del Rímac y más
precisamente en la Alameda de los Descalzos y alrededores.
Chupitos
es un zambito de 10 años "con dos ojazos vivísimos
sombreados por largas pestañas y una jeta burlona que siempre
fruncía con estrepitoso sorbo". Integra un grupo de amigos
vivaces y pendencieros que venden "suerte" (lotería)
y periódicos.
Ha
perdido su trompo jugando a la "cocina", juego de trompo
que consiste en extraer uno de ellos de un círculo trazado
en el suelo y en base a sucesivos lanzamientos, con el riesgo de que
el trompo del jugador caiga dentro de dicho círculo y se convierta
en trofeo para quien logre extraerlo.
El
juego lo ha perdido ante Glicerio Carmona, hecho que es una humillación
porque con ello dicho juguete ha pasado a otro dueño y encima
recibiendo quiñes y maltratos. Chupitos
ha aprendido que en la vida las cosas tienen que ser definitivas y
resolverse a tajos y heridas, pues desde muy pequeño ha tenido
mala suerte: el día que nació su casa ardió por
completo y casi termina incendiándose todo el callejón
donde vivían sus padres y él.
Cuando
tenía siete años su madre "que había salido
un poco volantusa", es decir relajada, disipada e impúdica,
abandona el hogar ante la inminencia de un ajuste de cuentas de parte
de Demetrio, su marido y padre de Chupitos, quien ha llegado a saber
toda la verdad de los engaños que ella le hace con un amante:
“mujeres con quiñes, como si fueran trompos… ¡ni
de vainas!" ha sentenciado hablando ante su hijo.
Hace
tres años que Chupitos vive con su tía y ahora ha perdido
su trompo. Recurre a su padre para pedirle tres reales a fin de comprar
uno nuevo, que él pule y prepara como si fuera un arma contundente.
Reanuda
el juego con Glicerio Carmona y al caer nuevamente el trompo que antes
era suyo en "cocina", Chupitos lo raja sin compasión
y lo deja abandonado en el campo de juego, junto con el nuevo, desapareciendo
por una calleja, con la cabeza gacha, "solo, triste e inútilmente
vencedor", nos dice en palabras textuales su autor.
Juanito Rumi
Juanito Rumi es el protagonista de la novela "El retoño",
publicada en 1950, de Julián Huanay, a quien éste presenta
como un niño huérfano, dejado a los cuidados de la tía
Concepción, hermana de su madre.
La
historia narra cómo Juanito, en un caserío perdido en
el valle del Mantaro llamado Ayla, escucha cautivado a don Vicente
Salas quien le narra sucesos admirables que le ocurriera en una grande
e inmensa ciudad llamada Lima. A
partir de ese momento y luego de ser consciente que él está
solo y abandonado en el mundo, nace en Juanito la inquietud por fugarse
e irse por los caminos hasta encontrar esa ciudad en la cual sueña,
haciéndose la ilusión de que allí vería
realizados todos sus anhelos de triunfo.
Para
cumplir su fin va a pie desde su pueblo hasta la Oroya y de allí
al asiento minero de Ombla, donde consigue un empleo para sobrevivir.
Pero enferma y en ese estado es despedido por "fIojonazo".
A cada decepción y crueldad que se le aplica se le advierte:
"Así aprenderás a ser hombre". Por
intermedio de un "enganche" llega a la hacienda MontescIaro
de Huacho, en los algodonales pertenecientes a la casa Grez. Se le
da trabajo pero se le somete a un trato despiadado. Entonces enferma
de paludismo, y entre el sopor de la fiebre escucha al capataz que
le dice: "oye serranito, mañana vas al hospital en el
camión, tú no sirves pa’ nada.”
Paradójicamente,
en esas condiciones se hace realidad su sueño dorado de llegar
a Lima. Pero arriba al hospital Dos de Mayo, completamente abandonado,
hospicio que le abre sus puertas en la más completa incertidumbre
y orfandad.
Sacha
Sacha, de apenas cuatro años, es el personaje de "El sol
de los jaguares" de Ciro Alegría, un libro póstumo
editado en 1979. La historia acontece en la selva del Perú
a principios del siglo XX. Sacha es el hijo de los colonos Anselmo
y Emilia, nacidos en Iquitos.
El
relato se ubica en una de las zonas más recónditas y
difíciles, pero a la vez paradisíacas, de la geografía
peruana, el Ucayali, a las orillas del río Shipibo. Ocurre
que la cabaña, construida por los padres de Sacha, es arrasada
violentamente por la crecida del río. La familia trata de salvarse
huyendo en una frágil canoa, intentando además recoger
lo necesario para sobrevivir en una realidad inclemente como es la
amazonía.
Sacha
está preparado para enfrentar los peligros que existen en su
mundo circundante. La historia relata, así, el aprendizaje
que tiene que hacer para no sucumbir ante la arrolladora fuerza de
la naturaleza, que desencadena su energía ciega y frecuentemente
mortal. Sacha tiene que guiar la canoa por los rápidos y las
turbulencias del río, orientándose, cazar y pescar cuando
es necesario, defenderse de la lluvia, recolectar leña, hacer
el fuego y prevenir otros peligros que le amenazan cada rato.
El
mensaje que se sugiere es que frente a la acción despiadada
de la naturaleza, los seres humanos necesariamente tienen que unirse,
ser solidarios, apoyarse mutuamente, transparentándose unas
relaciones sociales de mutua protección entre unos y otros
hombres que luchan en una realidad que pone a prueba su valor.
Rutsí
Rutsí es el personaje del libro Rutsí, el pequeño
alucinado de Carlota Carvallo de Núñez, obra que ganó
el Segundo Concurso Literario Latinoamericano, organizado por la Editorial
Farrar & Rinehart de New York, el año 1942.
Rutsí
en su origen es un geniecillo travieso y burlón de la selva,
hijo del Río Grande quien de tanto admirar a Shambi, la hija
del cacique, suplica a su padre que lo convierta en niño. Tal
deseo se cumple, condición en la cual sufre mil peripecias.
En primer término trata de rescatar a Shambi capturada por
una banda de explotadores.
Viaja
desde la selva a la costa atravesando la cordillera de los andes.
En su recorrido conoce a Uriangari, un pequeño salvaje, al
pastorcillo de la puna que comparte su vivienda con él, a Vicente
el muchacho del Tambo. Rutsí
participa de las costumbres de cada región, de los trabajos
y condiciones de vida. Hay momentos de fantasía en donde los
animales hablan, él los escucha y conversa con ellos.
En
la costa acompaña en la realización de diversas faenas
Conoce a hombres de diversos oficios que le cuentan historias. Se
impresiona al conocer el mar, se impacta con la niebla y las verdes
lomas floridas. Rutsí
realiza un aprendizaje de la vida. Con mirada ingenua observa todo
y vive experiencias límites, al punto de ser detenido e incluso
sufrir la cárcel e ir a una institución para niños
desamparados.
Retorna
a la selva, donde vuelve a su condición de geniecillo mientras
Shambi se ha convertido en una orquídea. Es
este un relato de travesía y del devenir: del mundo mágico
al mundo racional, del rural al urbano, del arcaico al moderno y viceversa.
En él se conoce y experimenta una y otra realidad del espacio
geográfico y también anímico.
Rutsí
siendo un personaje que tiene hasta un origen mágico es, sin
embargo, quien más recae la realidad hasta el punto de que
su vida es una crónica por diversas realidades. Ahora
bien, ¿qué niño en el Perú procedente
de aquellas regiones donde florecieron nuestras culturas ancestrales,
no tiene un sustrato mágico fundamental? Y eso es Rutsí.
Ladislao
Ladislao es un personaje del cuento Ladislao el flautista de Francisco
Izquierdo Ríos. Se
inicia cuando los alumnos del aula de clases se sobrecogen al escuchar
el sonido de una flauta. Saben que es Ladislao y esto lo comunican
a su maestro.
Del
personaje en el cuento apenas se ve su cabeza sobresaliendo por el
muro de piedras hasta donde él se acerca desde la parte exterior
de la escuela. Lo
que sobresale es el sonido dulce, melancólico y desgarrador
de la flauta que solo Ladislao puede tocarlo en una especie de nostalgia
de aquel lugar al cual ahora se rehúsa a entrar.
El
maestro encomienda a tres alumnos, fuertes y veloces, para ir, atrapar
y traerlo a ese “zamarruelo”, hecho que no logran pues
él huye veloz al monte. Ladislao ya no vendrá a la escuela.
Irá a trabajar en las minas de sal para ayudar a su madre enferma.
Es el niño que ha dejado de ir a la escuela, es el niño
de extramuros. El que vaga por los contornos. El
cuento es un prisma, breve pero de honda y profunda significación.