Editorial
Alerta
pueblo. Alerta padres y profesores. Alerta niños. Alerta hombres
de buena voluntad. Estas voces no son prolegómenos de una guerra.
La paz no siempre se inicia, ni gana con fusiles, y bayonetas. Vea
cada quién cómo avisa a su pueblo, a su barrio, a su
familia y a sus amigos. Hay otros elementos de combate: luces, voces,
palabras así como hay otra variedad de medios. Todo depende
de cómo y para qué los usemos. El hecho es que todos
debemos estar alertas a cualquier contingencia que se nos presente
hoy o mañana.
Comuniquémonos para enseñar a vivir en paz y democracia.
A ser fuertes en el dolor, la tristeza o alegría. Ubiquemos
el justo razonamiento, el de nuestro ser, que nos acerca a la verdad
que necesitamos y por eso la buscamos. Unamos todos nuestros pensamientos
lógicos, creativos, sorprendentes, novedosos hasta compactar
en un conocimiento crítico para vivir en gobernabilidad y verdadera
democracia que, sin ambages, es el gobierno del pueblo y para el pueblo.
Cuando podamos conseguir ese modus vivendi, quedará expulsada
la amenaza de conmoción social que poco a poco trata de instaurarse
entre nosotros. Ese tren de vida que insensiblemente arrastra hacia
la perdición a hombres y mujeres, jóvenes y viejos.
Desde hace más de 30 días estamos viviendo días
nefastos que a cualquier persona, bien equilibrada, le habría
dado pavor.
Esta reseña es terrorífica, pero cierta, aparentemente
increíble por sus resultados. Más de 400 muertos por
accidentes de tránsito, 38 persona vilmente asesinadas, 350
asaltos a mano armada con muertos y heridos, 87 violaciones con asesinato
a más 15 niños menores de 10 años, 58 pandillas
delincuenciales en Lima, que hacen lo que les da la gana en las calles,
robos a bancos, venta de miles de toneladas de droga convertida en
pequeños paquetes para niños y jóvenes; asaltos
a tiendas comerciales modestas y de las otras.
Y el dolor, contenido en masa y cantidad terminó por llegar
en 3.6 minutos, el día del terremoto de 7.8 grados en la escala
de Richter; disminuyéndonos en más de 500 hermanos muertos,
más de 4 mil sumidos en increíble pobreza que han perdido
sus casas y más de mil heridos que han poblado de golpe los
pocos hospitales disponibles que tienen las autoridades de salud.
Los momentos de tensa calma y dolor que vive el Perú, más
la angustia de los familiares de los ciudadanos del sur de nuestro
país, han sido suficientes para que nuestros hermanos países
nos recuerden con su solidaridad, el ideal de paz y democracia de
buena vecindad.
Los socionautas, por decirlo así, comunicadores, maestros,
sicólogos, etc., inmersos en esta red de redes, no debemos
perder la brújula de ese rumbo. Forjemos a los niños,
pero desde los primeros años y desde el hogar.
Una de las muestras de esta preocupación ha sido la “Semana
de la Lactancia Materna” del 21 al 28 de agosto que como todos
los años llevó a cabo en la Maternidad de Lima el concurso
de los “mamoncitos” y que dio oportunidad a los especialistas
en la crianza del niño, para que intensifiquen sus mejores
consejos a las madres de familia y estimulen no sólo la lactancia
de piel a piel, sino transferir todo el afecto maternal teniendo a
su hijo en brazos, brindándole calor y cariño. Un artículo
sobre su importancia, en este número. El día del niño
en el Perú, celebrado el tercer domingo de agosto, es otro
ejemplo de preocupación social y por ello también le
hemos dedicado espacio.
Va esta edición en homenaje a los compatriotas fallecidos y
a todos los heridos y damnificados en Ica, Cañete, Pisco y
demás pueblos afectados por el terrible sismo del día
miércoles 15, para ayudar a velar por su pronta recuperación
humana y social. Rendimos admiración a las instituciones y
personas de todo el planeta, que con sus aportes han engrandecido
su solidaridad a los dolidos; y también, cabe, una señal
de protesta y repudio a tanto individuo que desde puestos encumbrados
o del llano dificultan, entorpecen o se apropian de las donaciones.
AldeaMaestra