Editorial
Pasó
el censo 2007, como pasa cualquier estación del año
que nos inquieta a todos los peruanos; la diferencia está en
que cualquiera de ellas dura cuatro meses, el censo un promedio de
48 horas. Pero esta no es la única diferencia física
contada en horas. Un día antes del evento el gobierno ordenó
inamovilidad 24 horas y como si fuera poco, toque de queda, nadie
se mueva de su casa. Prohibida la venta de licor y el mismo día
se prohibió la venta de víveres en todos los mercados.
Hay otras diferencias que podrían divisarse en la otra orilla,
aparte de las preguntas que sondean índices de población,
vivienda, educción, cultura, salud, etcétera. Estas
últimas no se formulan con claridad para cada persona.
En el censo de 1972 (durante Velasco Alvarado) Rafael García,
(censó por tres veces consecutivas), revela que fueron 15 mil
censadores. El total de población llegó a 26 millones
en todo el Perú, en tanto que Lima totalizó 8 millones.
En 1950 la tasa de fertilidad llegó a 6.85 y el 95 el INEI
registró la fertilidad en 3.20 por mujer. Por esto la población
de mayores es más grande que la de jóvenes, si comparamos
los escasos 27 millones a los 28. Indudablemente que también
aparece un fenómeno que nos ha restado población, está
compuesta por los emigrantes que salieron del país en busca
de trabajo.
Muy pocos censados saben que en base a sus respuestas el Estado está
levantando un diagnóstico que servirá para priorizar
las necesidades sociales que se deben solucionar o paliar, por lo
menos. De acuerdo a estos índices el Estado tratará
de mejorar la calidad de vida de la población.
El censo se realiza, por así decirlo, en 48 horas, aunque su
terminación puede durar días o meses más. Tampoco
comienza cuando se hacen los anuncios de la ejecución del evento.
Y si observamos con paciencia, tampoco termina al concluir el trajín
censal. Porque las medidas de solución vienen como larga cola
de cometa y los problemas se van acoplando de las que ya se ha iniciado
su solución. Según se sabe la variante población
ahonda las necesidades que el Estado tiene la obligación de
aliviar.
Ahora, cabe razonar que los nacimientos que se suceden son miles,
por lo tanto serán miles de futuros ciudadanos; se deduce que
es también el inicio de un nuevo censo, cuando lo creyera conveniente
el Estado. Esto quiere decir, que un buen proyecto educativo, también
debe incluir una cultura censal para los estudiantes. De esta manera
estará preparado no sólo para participar, sino para
apoyar la gobernabilidad del país, también para solucionar
los problemas, o a no ocasionarlos tanto en su barrio, su comunidad
o su ciudad.
Cuando el encargado de censar llega a un hogar ya entabla un proceso
de comunicación que, en lo posible tratará de ser completo
de uno y otro lado: hablar con claridad, ampliar el marco de de referencia
del conocimiento que sobre el censo tenga el entrevistado, brindar
pequeños datos adicionales que solicite, y en fin permitir
la horizontalidad en el trato que es fundamental en esta clase de
eventos. Por ello, es importante la buena comunicación para
obtener un diagnóstico más cabal.
AldeaMaestra
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