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Para
conservar la familia lo que se requiere es hacerse cargo del deseo
de mantenerla viva mediante la comunicación, que es consustancial
a lo humano.
Si
por cultura entendemos las "maneras de vivir juntos", al
decir de UNESCO, es evidente que estamos viviendo un profundo y rápido
cambio cultural. Están cambiando tanto las maneras prácticas
de vivir juntos como las representaciones e imágenes que nos
hacemos de dicha convivencia social.
Vínculos poderosos como la Internet que poderosamente presiona
a pequeñas y grandes organizaciones que se van transformando
para adaptarse a las nuevas realidades.
Familias en plural, de a poco van diferenciándose en su funcionamiento,
ya no podemos hablar de una crianza, sino de múltiples formas
de conformar con-vivencias nutrientes.
Escuelas en plural, educando a las generaciones más jóvenes,
en un mundo pleno de oportunidades diferenciadas, instrumentos tecnológicos
distintivos, mucha información, demasiada para procesar, sin
sentirse agobiado por ello.
Violencia, marginación, inseguridad, delincuencia en adultos
y niños- y jóvenes en temprana edad, abandono moral
y adicciones, conforman lo distintivo de esa convivencia social en
el mundo que no supimos construir a beneplácito
Esta espiral de variables, nos conmueve, nos emociona y confunde,
sin saber que hacer. ¿Qué hice yo para merecer esto?
suelo escuchar en mis largas caminatas con amigos y familiares.
El comienzo de la inicial, primaria y la escuela media, constituyen
un territorio de conflictos e inquietudes de los niños y de
las familias, una demanda concreta hacia nuestros hijos, familiar
y social, en ese espacio claro y finito, sacamos a relucir nuestros
espejos retrovisores, que nos remiten al pasado como fuente de discusión.
En mi época esto no sucedía, y se convierten de a poco
en fuente de inquietud y conflicto, para luego pasar a ser consulta
casi desesperada, a todo tipo de profesionales, trastornos de atención,
hiperkinesia, etc.
Afirmo que la familia es un ámbito de convivencia generado
por un grupo de personas y que se constituye como una comunidad humana
social que se genera, realiza y conserva desde la pasión por
el placer de vivir y convivir juntos. Todo sostenido por un cimiento
de comunicación horizontal para beneficio de la agrupación
que une.
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Como
tal, igual que todos los fenómenos sociales, se funda en el
amar como condición de posibilidad, se realiza desde el deseo
de la cercanía corporal y relacional en la confianza y la aceptación
mutua como un ámbito de colaboración compartiendo sensualidad,
la ternura y la sexualidad. Allí residen los pilares del ámbito
familiar.
Decimos que los problemas que surgen en la familia, surgen desde donde
nacen los problemas de toda comunidad humana, sea grande o pequeña,
nacen del malestar cultural originado por las relaciones de desconfianza,
control, dominación, apropiación, sometimiento, castigo
que traen a la mano todo tipo de exigencias como resultado de la pérdida
de la confianza fundamental que la constituye.
Y esto sucede ya sea debido a las conductas de algunos miembros con
respecto a la conducta de los otros, o porque las relaciones externas
impiden la realización de las relaciones de subsistencia y
surge la degradación de las condiciones materiales que permiten
su adecuada realización y la angustia natural depositada en
el porvenir, no dándonos cuenta que lo venir, esta teñido
de este ahora , porque lo que nos educa y vivimos de niños,
esa experiencia, y emoción es nuestro mejor tesoro o nuestro
mayor azote de por vida.
Para conservar la familia lo que se requiere es hacerse cargo del
deseo de mantenerla viva mediante la comunicación, que es consustancial
a lo humano, y desde esa decisión recuperar las dimensiones
de sexualidad, sensualidad y ternura que son su fundamento.
Si esto sucede, la familia puede reaparecer y conservarse como lo
que es en el dominio emocional-relacional: un espacio de bienestar,
un marco comunicacional vivo, de acogimiento mutuo, y de colaboración
desde el placer inspirador de la compañía, sin expectativas,
exigencias, ni dinámicas culturales propias de esta cultura
patriarcal-matriarcal que realizamos y conservamos en la actualidad
y que en tanto niega y contradice la naturaleza amorosa del fenómeno
social, niega la posibilidad misma de conservar el ámbito familiar.
Es desde esta cultura que la familia aparece en peligro de extinción.
¿Qué mundo queremos? ¿Uno donde la familia no
quepa? Esto, como todo en el vivir humano, es nuestra responsabilidad,
y la responsabilidad, nuestro don, traído a mano por la reflexión
que nos permite el lenguaje y el conversar, la comunicación
plena.
Decimos, entonces conversando , que es posible que en esta conservación
se jueguen “las inquietudes “ infantiles y juveniles en
la escolaridad ( como núcleo central de su vida de niño
y joven, allí donde se nutren o se restringen , no en las fórmulas
mágicas de productos farmacológicos, o en los tratamientos
médicos en todo terreno.
Hugo
Huberman, psicólogo
social y educador argentino. Ha desarrolado proyectos educativos y
sociales autogestionados en diferentes paises de América. Participa
de diferentes organizaciones de la sociedad civil internacionales,
en temas referidos a niñez , adolescencia y derechos humanos.
Ulitmamente se ha editado su ibro: "De
escuela en escuela, recorridos educativos autogestionados" (Editorial
Prometeo).
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