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Comunicación y participación ciudadana

Quizás fue la primera vez en que los ciudadanos pudieron expresar a rajatabla su verdad, su disgusto, su inconformidad, su pesimismo, su confianza por que la televisión algún día experimente un cambio positivo.

*El reciente programa de Laura Bozo acaba de ser censurado en un canal local.

Más de 200 ciudadanos expresaron públicamente sus deseos de cambio, con sus oportunas intervenciones, en torno a la programación de la televisión peruana durante las dos horas en que transcurrió el Parlamento Mediático “Tele como te sueño”, realizado a principios de este año en la Sala Raúl Porras Barrenechea del Congreso de la República y organizado por Veeduría Ciudadana.

Esta novedosa estrategia de comunicación, Parlamento Mediático, fue solo el final de un trabajo planificado realizado durante el año 2007 en las ciudades de Lima, Iquitos, Arequipa y Puno, que lamentablemente no tuvo eco en los medios de comunicación masiva. Caravanas ciudadanas organizadas en plazas y avenidas principales, consultas ciudadanas (encuestas) realizadas casa por casa o en la calle y otros tres parlamentos mediáticos fueron su antesala.

La consultas no fueron simples encuestas, fueron un diálogo entablado con 2,352 peruanos, hombres y mujeres mayores de 18 años, elegidos al azar, en la calle o tocando sus puertas, no “porque estén de acuerdo con un medio específico, como suelen ser aquellas ‘encuestas’ hechas por el propio medio para luego usarlas con sentido publicitario, sesgando sus resultados”.

De acuerdo a los resultados obtenidos por la Consulta Ciudadana, la gente se satisface con el medio pero no necesariamente con su programación, pues sus opciones de elegir son limitadas. Es evidente que el “rating” no es un indicador de satisfacción sobre la oferta televisiva, ni siquiera prueba preferencias, por lo que el estudio concluye que “Ver no significa Gustar ni Conformidad, menos aún Credibilidad. Tampoco implica Satisfacción y menos aún estar de acuerdo”.

El programa símbolo de lo que no debería ser una producción nacional es “Magaly TV” según la Consulta, lo curioso es que hay ciudadanos que sabiendo que es un programa que hace daño y hasta proponen que debería desaparecer, lo ven. Esta es la doble moral que revela el criterio de ver lo que está mal por curiosidad, porque da risa o por satisfacciones diversas. Incluso es probable una relación morbosa con aquellos programas a los que califican como pésimos pero que, sin embargo, los divierte.

La Consulta que se hizo fue una experiencia anhelada por algunos, ignorada por muchos y menospreciada por otro tanto. En una experiencia que tuvimos como voluntarios, un señor no quiso ser consultado, se negó tajantemente, porque consideraba que lo que hacíamos era “una reverenda pérdida de tiempo”, “una tontería” que no tenía ni ton ni son. En otra ocasión, una señora poco amable condicionó sus respuestas a nuestra encuesta si le dábamos “alguito” a cambio. Otra más “comprensiva” intentó persuadirnos de dejar de encuestar porque creía que los jefes nos estaban explotando. Lo que ella no sabía es que el trabajo que realizábamos era ad honorem, solo por el gusto de hacer algo por lo que estábamos convencidos de que algún día cambiaría.

El pesimismo y el conformismo invaden nuestra mente; creemos que hay que sacarle provecho a todo, no importando las malas artes que usemos para conseguirlo; vivimos, por si fuera poco, desconfiando de todo y de todos,…y los medios de comunicación tienen mucho que ver en este intrincado panorama.

El comunicólogo español Jesús Martín-Barbero propuso un nuevo enfoque analítico de los medios de comunicación en sociedades como las de Latinoamérica, sostuvo que la comunicación es un fenómeno más de mediaciones que de medios, o sea, una cuestión de cultura, que había que estudiarla también desde el plano de la recepción de mensajes.

Ya Edgard Morin, importante pensador francés, en su libro “El espíritu del tiempo. Ensayo sobre la cultura de masas”, publicado en 1962, nos hablaba de los medios masivos como “una verdadera cultura, superpuesta a las culturas históricas, y a la vez compendio de todas ellas, aunque sea un compendio sincretista, vulgarizador y, muchas veces, corrosivo”. Esos medios de comunicación, a su modo ver, revolucionaron las más inmutables estructurales, culturales, sociales y religiosas.

Los efectos de esta revolución los estamos viviendo.

Ahora estamos más preparados para enfrentarlos, aunque haya veces en que nos dejemos arrastrar por la fascinación o “la catalepsia espectatorial” como lo llamó Morín, que causan los mass media, para olvidar lo mucho de lo que carecemos.

Por eso no se puede negar la poderosa influencia, positiva o negativa, que ejercen los medios de comunicación en la gente, sobre todo, en los más vulnerables, los niños. La escuela debe aprovechar el caudal de conocimientos que propagan los mass media con fines pedagógicos, enseñar a decodificar los mensajes mediáticos y a producir los propios. Con una educación de este tipo los padres no tendrían porque estar tan preocupados por lo que consumen sus hijos. Incluso, ellos mismos también deberían recibir una alfabetización audiovisual en la escuela.

Paralelamente al trabajo destacado de comunicación participativa que realizan instituciones como la Veeduría Ciudadana, hace buen tiempo se da un uso alternativo a la radio, como apoyo al ejercicio responsable de la ciudadanía, es decir, la participación real y activa de las personas. Son radios –algunas también comerciales- que incluyen en su programación los aspectos educativos, la vigilancia y la fiscalización ciudadana.

Según José Ignacio López, la radio es el medio que debe convertirse en espacio de participación ciudadana donde se deben expresar todas las voces y defender la diversidad de idiomas y culturas, el derecho a ser y pensar diferente, a tener gustos y aspiraciones distintas, todos ellos imperativos para la democracia. Este entendimiento es requisito fundamental para iniciar o mejorar proyectos de desarrollo democrático y participación ciudadana que sean coherentes y, sobre todo, viables en la mejora de la calidad de vida.

Con un conocimiento adecuado y una valoración del trabajo de las radios locales, las acciones estatales, municipales, institucionales y no gubernamentales podrán comprender, dirigir y promover de manera cabal —y en permanente diálogo con la sociedad civil— el sentido y los alcances de la participación ciudadana y el desarrollo humano sostenible que tanto predican. La radio popular ha sido y sigue siendo un ámbito muy estudiado. Al respecto, es importante e interesante la labor que cumple la Coordinadora Nacional de Radio CNR con sus radios comunitarias afiliadas a nivel nacional, sin embargo, qué sucede con las radios locales comerciales.

ILLA (Asociación Civil fundada en 1979) realiza una labor encomiable con las radios locales, contribuye a que éstas, principalmente, y las comunitarias y educativas, a nivel nacional, ejerzan sus derechos comunitarios (expresión, opinión, empresa). Su experiencia tiene que ver con consultas radiales, mecanismos que promueven la participación ciudadana en el espacio público-masivo, mediante el recojo, difusión y discusión pública de las opiniones y propuestas de los ciudadanos en torno a ciertos temas de interés común. Lo destacable, además, es su alianza con los medios locales y regionales del país.

En una encuesta realizada por ILLA en el 2006 a 100 radios locales, denominada: La descentralización en la agenda de la radio local, se pudo conocer que el porcentaje que estas dedican a temas como la educación (75%), medio ambiente (58,5%), participación y vigilancia ciudadana (55,3%), desarrollo local (48,9%), gobiernos regionales (46,8%), descentralización (33,1%), entre otros, es elevada.

Según otros resultados obtenidos por la encuesta tenemos que la participación de la radio local en procesos de planificación y gestión es como sigue: recogiendo la opinión de los ciudadanos y promoviendo su participación en la discusión pública de los temas planteados (70,6%); y, promoviendo vigilancia ciudadana para la gestión pública transparente (45,9%).
No obstante, las radios locales indican que existen ciertos problemas para participar en estos procesos: en primer lugar se ubica la falta de voluntad de las autoridades (65,6%) y en segundo lugar, no existe acceso a la información pública (52,2%).

Veeduría Ciudadana, Coordinadora Nacional de Radio (CNR) e ILLA son instituciones con experiencias de comunicación que ya deberían de contribuir para que el reconocimiento cultural y político desde el Estado hacia la sociedad civil se traduzca en políticas y acciones sistemáticas y concretas, fundamentalmente culturales, comunicacionales y educativas.

Quizás solo sea cuestión de tiempo para que los Gobiernos hagan algo por la educación y la comunicación del país. Queremos mejorar los medios de comunicación porque la comunicación que se genera entre medios y público es una cuestión de cultura.

 

Lic. Rocío Rubio García, Especialista en Comunicación Social y docente universitaria, egresada de la Universidad Nacional Federico Villarreal. Estudia una maestría referida a la Investigación y Comunicación Social en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos.