Editorial
Cuidemos
el Medio Ambiente y Ecosistema
La
conservación del medio ambiente sigue conmoviendo la ciencia.
Esto significa que no sólo los científicos, sino toda
la población del mundo debe poner de su parte, todo su interés
para no atizar la degradación de la capa de ozono, intoxicándola
de mil formas y dañándola irreversiblemente.
Noruega, por ejemplo,
ha creado el “Arca de las Semillas”, una especie de la
bíblica arca de Noé, para guardar y conservar en esta
moderna barcaza todas las semillas del orbe, en previsión de
catástrofes naturales o guerras atómicas que conviertan
a la tierra en un desierto. El Perú ha enviado para su resguardo
11 mil variedades de semillas de camote y papa, como señal
de interés y participación en este movimiento de carácter
mundial.
Sin embargo, mientras se
hacen estos esfuerzos de preservación, nuestra selva, que es
la más grande reserva de oxígeno, corre el riesgo de
ser lotizada para la explotación de minerales y petróleo,
con el fin de que el Perú no pierda el primerísimo lugar
económico en base a la venta de nuestros metales preciosos.
La población de
la selva ya emitió su protesta, y el gobierno sostiene que
se exigirá en la las empresas interesadas el establecimiento
de maquinaria de última generación para decantar el
anhídrido carbónico, que emiten los relaves y su procesamiento
hasta dejar a salvo la intoxicación humana. Esperamos que la
creación del Ministerio del Medio Ambiente contribuya a dar
solución a este inminente problema.
Sin embargo, la contaminación
del medio ambiente no sólo se realiza por la explotación
de minerales y otros, sino por los perjuicios al ecosistema de los
cuales somos poco conscientes, tales como los medios electrónicos
que son un serio peligro para la salud de la humanidad. Asimismo,
la indiscriminada emisión de ruidos de toda intensidad que
dañan seriamente nuestro sentido del oído, hasta anularlo
por completo.
En la actualidad, estudios
especializados indican que la capacidad auditiva de la gente se ha
reducido a menos del 50 por ciento. Por eso, en ciudades como Lima
hablan gritando y no por desahogo emocional, sino porque piensan que,
como ellos, todos oyen poco. Y eso, es verdad.
La electrónica daña
la ecología del sonido, podríamos llamarle ecosistema
comunicacional, debido al número incontrolable de emisiones
de los medios que han aumentado su potencia y resonancia en decibelios,
tanto que producen sordera irreversible. Los instrumentos electrónicos,
cualesquiera sean, desde una guitarra electrónica, hasta un
walky talky, suena con una carga mayor a 1100 decibelios (db).
Desde los 70 a 80 db los
ruidos, aunque fuesen musicales, ocasionan molestia. Y, aunque usted
no lo crea, una licuadora moderna (100 db) ya causa ruidos nocivos;
los que van más allá como la sierra eléctrica
(130 db) causan dolor; un trabajador se acostumbra, pero poco a poco
pierde, irremediablemente, su audición. Imagínese un
avión supersónico que pasa a baja altura por el Callao,
Maranga, etc., cuando despega del aeropuerto, cuántos db emite
y qué daño le está ocasionando a sus oídos.
La calle es un centro de
torturas auditivas porque allí flotan ruidos de todo “cibelaje”
y en todas direcciones. Ruidos emitidos por vehículos de todo
tipo y choferes irresponsables que tocan claxon sin control; música
estrambótica a todo volumen; ambulantes de baratijas que nos
gritan al oído y cantan su estribillo hasta obligarnos a cambiar
de ruta.
A todo esto habría
que agregar la irrupción de barras bravas todos los fines de
semana; algunas marchas pacíficas que lindan con el libertinaje,
la agresión y el vandalismo, que hieren de gravedad a quienes
pacíficamente transitan por las calles.
Está comprobado
que el ruido interfiere la conversación en el lugar donde uno
se encuentre, también el equilibrio emocional. El lenguaje
sufre alteraciones así como el sistema nervioso, propiciando
el nocivo estrés, que ocasiona aumentos de presión arterial,
altera el funcionamiento del sistema nervioso y la frecuencia cardiaca,
respiratoria e incluso el metabolismo. Indudablemente, estos desajustes
en la ecología del ruido ocasionan patologías que afectan
a muchas personas, quienes pagan los platos rotos de gente irresponsable
que no se controla.
Morigerar estos abusos
es responsabilidad de todos, pero las políticas para cuidar
nuestro ecosistema deben provenir también de los Ministerios
de Educación, de Salud, de Transportes y Comunicaciones y de
las instituciones creadas para cautelar el Medio Ambiente.
AldeaMaestra